Amuletos

No tengo ganas de escribir, ¿paradójico no? La Natalia me decía hace un tiempo que esto era musho, que no tanta gente tenía cosas para decir. Puede ser, tal vez sí. Esta vez me parece divertido comentar lo que me pasó el lunes mientras me ponían anestesia.
Mis nervios eran demasiados, nunca me han gustado las agujas, y menos si no sé qué me hacen. Cuando chica, en el coelgio, decidí que en las disertaciones me fijaría en un punto para no ponerme nerviosa. Esta vez intenté hacer lo mismo, sin grandes resultados, así que empecé a rezar el Ave María. No rezo hace mucho, mucho tiempo, desde que me di cuenta que estaba haciendo unos esfuerzos infinitos por tener fe. Pero, a pesar de eso, recé. A veces no sabía si iba en el orden correcto, pero no importa, lo hacía igual, cual Verónica Roberts en la Granja Vip. Podría haber cantado mi canción favorita, haber recitado cualquier cosa, pero se me ocurrió rezar, aún no sé por qué.
La María Paz me contó al día siguiente que había salido con un amuleto mapuche de su casa porque encontraba que su mala suerte ya era mucha. Yo, a mis pruebas iba con una medalla de la Virgen de los Milagros (creo que así se llama) metida en el bolsillo del pantalón. ¿Será que al final uno quiere creer aunque sea en una piedra? Parece que la autosuficiencia nunca es tan suficiente y que es cierto eso de que que las sociedades sin dios se mueren. Creo que es bueno creer, partiendo en uno mismo.

