martes, octubre 17, 2006

Los pobres, ¿merecen una pobre arquitectura?

Más de un año sin escribir. Un año donde han pasado infinitas cosas, pero al parecer ninguna me había llamado mucho la atención o había traspasado la barrera necesaria como para sentarme a narrar algo de interés, al menos para mí. En este caso, no es mucho lo que escribiré, pero sí llamó lo suficiente mi atención como para considerar que debía ser difundido por la vía "popular", en este caso mi blog.

La Mala Arquitectura
Por Miguel Laborde
En el contexto de la nueva Bienal de Arquitectura se tuvo la buena idea de abrir foros en internet, donde un número mayor de personas puede dar su opinión. Mediante un moderador, Alejandro del Río, que orienta el debate, se logra, mucho mejor que en los foros en vivo, avanzar hacia soluciones y propuestas.

Es interesante observar que el foro más visitado es el de
vivienda social, un tema que nunca ha tenido mucho espacio en las bienales. El foro lo inicia un lúcido texto de Alfredo Rodríguez ("Los pobres, ¿merecen una pobre arquitectura?") en torno a una pregunta que hizo el ingeniero Andrés Iacobelli a dos amigos arquitectos: "Si la arquitectura chilena es tan buena, ¿por qué es tan mala la vivienda social?".

Alfredo Rodríguez está de acuerdo, por cuanto encuentra "escasos intentos recientes que se pueden rescatar: el Proyecto Elemental en el año 2000, el nuevo pueblo de Gualliguaica a fines de los '90, el Conjunto Andalucía para el Quinto Centenario, las casas de barro del Taller Norte en los '80, casas de tabiquería hechas por varias ONG tras el terremoto del '85 cerca de Pomaire".

Un síntoma de que el Chile global, cuya arquitectura residencial, industrial y de oficinas tiene una presencia bien valorada en el contexto de América Latina, presenta en este ámbito una serie de carencias que, a medida que el país progresa, se hacen cada vez más insoportables.

Por otra parte, el interés en el tema también es un índice de desarrollo. Ya no basta con soluciones habitacionales, similares por lo demás a las que se siguen construyendo en el resto de los países de la región. Crece el malestar porque no hay "chorreo" ni de arquitectura ni de urbanismo hacia las familias de escasos recursos. Se van quedando en la periferia de las ciudades, al margen del aumento de los ingresos y también en la periferia de la arquitectura y el urbanismo. No les llegan los avances en diseño, en materiales, en tecnologías, para que el producto "vivienda social", con innovación, tenga una mejor calidad.

Si uno se pasea por los foros, aunque sea reincidente, el tema de la próxima Bienal debiera ser éste. En la participación del público surge una variedad de aspectos que exige un análisis integral. El mismo sistema, que condena al beneficiado a vivir para siempre en ella, con trabas o impedimentos para cambiarse a otro o ampliar la existente, en barrios homogéneos, donde la cesantía se expande en delincuencia y drogadicción; un mercado débil donde da lo mismo porque todo lo que se construye se vende, permitiendo soluciones indignas; la falta de variedad ante la diversidad de climas y culturas a lo largo del país; la no consideración por los deseos y necesidades de quienes las ocuparán; el desconocimiento del público, e incluso de las autoridades.Al menos aquí, la Bienal cumple con su misión: acercar a la comunidad al mundo de la arquitectura y el urbanismo.

miércoles, agosto 31, 2005

Amuletos



No tengo ganas de escribir, ¿paradójico no? La Natalia me decía hace un tiempo que esto era musho, que no tanta gente tenía cosas para decir. Puede ser, tal vez sí. Esta vez me parece divertido comentar lo que me pasó el lunes mientras me ponían anestesia.
Mis nervios eran demasiados, nunca me han gustado las agujas, y menos si no sé qué me hacen. Cuando chica, en el coelgio, decidí que en las disertaciones me fijaría en un punto para no ponerme nerviosa. Esta vez intenté hacer lo mismo, sin grandes resultados, así que empecé a rezar el Ave María. No rezo hace mucho, mucho tiempo, desde que me di cuenta que estaba haciendo unos esfuerzos infinitos por tener fe. Pero, a pesar de eso, recé. A veces no sabía si iba en el orden correcto, pero no importa, lo hacía igual, cual Verónica Roberts en la Granja Vip. Podría haber cantado mi canción favorita, haber recitado cualquier cosa, pero se me ocurrió rezar, aún no sé por qué.
La María Paz me contó al día siguiente que había salido con un amuleto mapuche de su casa porque encontraba que su mala suerte ya era mucha. Yo, a mis pruebas iba con una medalla de la Virgen de los Milagros (creo que así se llama) metida en el bolsillo del pantalón. ¿Será que al final uno quiere creer aunque sea en una piedra? Parece que la autosuficiencia nunca es tan suficiente y que es cierto eso de que que las sociedades sin dios se mueren. Creo que es bueno creer, partiendo en uno mismo.

lunes, agosto 15, 2005

La Vida es Ahora



La Concierto -soy un poco fan de la radio- comenzó una nueva campaña publicitaria. A decir verdad, es la primera vez que le veo tan públicamente, valga la redundancia. Hasta el momento sólo había visto la publicidad en revistas -de lectores ABC1-C2, pseudo adulto jóvenes- pero nunca en las paletas de los paraderos, y menos en carteles gigantes. Hasta el momento me había gustado harto, tenía una apuesta clara, que trataba sobre la libertad y todos los ítemes que se relacionan con el tema. Me había llamado la atención lo parecida de una de las gráficas con una de las portadas de "The Economist" que vi hace como un año, y me gustó el concepto. Pero, se me había olvidado que la Concierto tiene un programa llamado "Club Radical", y claro, no podía ser menos. Camino a la Ciudad Empresarial el jueves pasado, se me hizo patente, más que nunca, lo que significa la "línea editorial" de un medio. Me suspendí por medio segundo mientras leía: "Si te quedara un mes de vida, ¿te echarías a morir, o te pondrías a vivir?" Fue potente. Cien por ciento. Sobre todo porque tengo espíritu fatalista y me he planteado la opción más de una vez, y en distintas formas en el último tiempo. Qué jodido. ¿Por qué una radio, en la que se supone que uno busca entretención, buena música y qué sé yo, se esfuerza en hacer pensar a la gente? Tal vez, porque se dieron cuenta, al igual que algunos, que aquí eso no importa. La vida gira tan tan rápido que nadie se detiene a pensar lo importante. El otro día alguien me dijo que Chile había crecido "tipo Miami", y es cierto. Ya lo había pensado, pero el adjetivo estaba bueno. Qué lata la crítica a la sociedad de mercado y bla bla bla. Mi punto es otro, ¿te echas a morir o te pones a vivir?
Ese jueves iba camino a ver Disney on Ice y disfruté como si hubiese tenido ocho años. Aplaudí, me paré, y emocioné con La Cenicienta, La Sirenita y La Bella y la Bestia. Me di cuenta lo apático que es el público santiaguino. Aplaudimos cuando hay que hacerlo y si a alguien se le ocurre cuando no, nadie sigue al pobre ser humano. Claro que los niños gritaban con fuerza cada respuesta que demandaba Pepe Grillo o cualquiera de los otros integrantes del club Disney. Estuve al borde del llanto un par de veces, porque soy llorona, y no porque fuera para tanto. Tampoco es que le haya descubierto un nuevo sentido a la vida, ni nada por el estilo, pero claramente, como dice VISA, "la vida es ahora".

domingo, julio 31, 2005

Perdón sin olvido

Hoy, Carrie Bradshow -sí, ella logra representar problemas que más que entretenerme me dan vueltas-planteó la eterna pregunta que nunca he logrado dilucidar: ¿Se puede perdonar sin olvidar? La primera vez que me acuerdo haber discutido el tema tengo que haber tenido trece o catorce años. Estaba en medio de una de esas clases en que para variar hacíamos cualquier cosa, menos lo que la persona de al frente había planificado, y la Cote me proponía que perdonar no implicaba olvido. La Coni y yo -que nos sentábamos detrás de la Cote y la Andrea- opinábamos que no. Que simplemente no se podía, porque perdonar implicaba haber olvidado también. Hoy no sé si eso es así o no. Es un tema, al igual que algunos otros que no he zanjado en mi vida, y que en un fin de semana como éste afloran. El deseamor fue un ítem en estos dos días, donde se me planteó nuevamente si era posible lo del perdón sin olvido. Es complejo, y mucho, más aún cuando se trata de heridas inmensamente profundas que se piensa como imposibles de curar. Esos dolores que han hecho tanto daño, que si el perdón fuera igual que el olvido , entrarían en la lista de los jamases. Pienso en las miles de personas que perdieron a otras en Chile, hace 30 o 20 años atrás. Pienso en los padres que pierden hijos a manos de otros por cosas tan absurdas como peleas o una tarjeta de crédito. Pienso en todos quienes tienen que aguantarse malos servicios de salud, viviendas de 36 metros cuadrados, y educación deficiente -entre otras cosas- sin chistar.
Tal vez perdonar sea un trabajo personal de reconciliación (qué cliché suena eso) con uno mismo y con el otro. Tal vez perdonar signifique aprender que la herida está, pero que hoy es sólo cicatriz, y que si bien no duele, o tal vez menos, no se olvida. Puede que tenga que ver con recordar sin rencor, con avanzar, con mirar hacia adelante y seguir sin miedo. Quiero creer que tiene que ver más con lo que he descrito que con la necesidad imperiosa de olvidar. En materia de amor la historia es la misma, con la diferencia que el despecho puede paralizar casi tanto como la tristeza.
PD: Las cosas de la vida. En el buscador de sinónimos de word sale perdón como sinónimo de olvido.

martes, julio 26, 2005

La Censura de los Medios


Lo de la importancia de los medios de comunicación es algo que cada día se hace más patente y no deja de llamarme la atención, debo reconocer. Aunque parezca extraño me asombra la inexistencia de hechos, cosas o personas, si es que no están en lo medios, cualquiera que sea. Parece evidente, es cierto, pero es algo que me produce impotencia, más que otra cosa -puede que ahí radique mi no amor por la carrera. A propósito de eso, me llamó la atención esta foto que vi ayer en La Tercera. La lectura de foto decía que era una niña que recolectaba agua en el campo de refugiados, en Sudán. Más allá de la crudeza de esta imagen me sorprendió ver que se trataba un tema como éste en un diario nacional. Aunque tampoco era para tanto, ya que sólo era parte de una sección tipo "fotorama" en que se mostraban las imágenes del mundo, más llamativas de la semana. Es una de las pocas veces que he leído sobre el tema en un medio chileno. De hecho, si no hubiera sido por un curso de la universidad no me habría enterado que en esa parte del planeta se está repitiendo la historia, la misma de Ruanda, y con la misma inacción de los organismos internacionales. Así, la gente se muere, los genocidios continúan, y la mitad del planeta no se entera, porque África no es parte de las pautas de los medios. A pesar de todo mi pensamiento fatídico, hoy me encontré con una nueva noticia de África, esta vez de Níger y la hambruna. Claramente nada bueno, pero al menos que se sepa ya sirve de algo.

lunes, julio 25, 2005

Adicción al mundo Blog

Me ha costado empezar a escribir en este Blog. Lo tengo hace poco más de una semana, tampoco es para tanto, pero creo que es resultado de cómo surgió este espacio: como un mero acto reflejo. Sí, porque inspirada en los varios diarios personales que reviso a diario, me pregunté por qué no. La respuesta no era difícil, siempre me he creído más voyerista -por decirlo de algún modo- que exhibicionista, si se pudiera poner en términos extremos esto de ventilar lo que uno hace, cree, profesa, quiere o piensa, en un "diario de vida virtual", como he visto que perídicos -de poca categoría, por cierto- le han puesto a este tipo de nuevos instrumentos mediales. Es complejo esto de los nuevos medios, pero atractivo al mismo tiempo. Me gusta la idea de democratizar las comunicaciones. Ojalá todo empezase a ser más horizontal. Hay quienes creen que es un imposible, yo quiero serguir creyendo que se puede luchar por eso. En fin, no sé si siga escribiendo mucho más- en la Escuela me quitaron el gusto por ello- pero un poco eso es lo que refleja el nombre de este espacio, que no es sólo mío, sino de todo quien lo lea (no creo que vayan a ser muchos, además de uno que otro adicto a la vida ajena, así como yo). Afuera hay mucha gente que quiere decir cosas, que quiere saber, aprender, y ser aprehendida, y eso me impresiona. Sí, porque hasta hace un par de años, al menos yo, no me lo habría imaginado. Por suerte hay cosas que me siguen asombrando, así como las canciones de Carla Bruni que bajé hoy, de las que entiendo la mitad, aunque de a poco voy mejorando.